Siesta Classic de LK Hjelle. El descanso como forma.
Hay piezas que se entienden en el instante en que se usan. Siesta Classic es una de ellas. Un sillón que convierte el acto de sentarse en una pausa real, en un lugar donde detenerse. Acompaña el ritmo cotidiano desde la calma, haciendo del descanso un gesto natural y necesario.
Diseñada en 1965 por Ingmar Relling, esta pieza nace desde una idea clara: reducir el objeto a lo esencial para alcanzar el máximo confort. Su estructura ligera, casi invisible, sostiene un sistema de almohadas que recoge el cuerpo con naturalidad, generando una sensación inmediata de bienestar.
Ligereza y confort.
La relación entre estructura y tapizado define su carácter. El armazón, sutil y ligeramente flexible, aporta una ligereza tanto visual como estructural, permitiendo que la pieza respire dentro del espacio. Esa flexibilidad introduce un leve movimiento que acompaña al cuerpo.
Las almohadas, generosas y envolventes, añaden una dimensión más cálida y doméstica. No solo aportan confort, sino que equilibran la ligereza de la estructura con una sensación de acogida. El resultado es una pieza donde cada elemento cumple una función precisa: sostener, adaptarse y acompañar.
Un icono que evoluciona.
Más de medio siglo después, Siesta Classic sigue vigente no solo por su estética, sino por su lógica de construcción. Cada uno de sus componentes está pensado para ser reemplazable, permitiendo alargar su vida útil y adaptarse al paso del tiempo. Una manera de entender el diseño desde la responsabilidad y la permanencia.
Disponible en varias versiones, con distintas combinaciones de canvas y estructura, y tapizable en tejido o en piel según el modelo, Siesta ofrece múltiples configuraciones. Variaciones que no alteran su esencia, sino que permiten que cada pieza encuentre su lugar.
Un gesto que permanece.
Siesta Classic forma parte de la historia del diseño noruego y de su proyección internacional. Pero más allá de su reconocimiento, lo que la define es su capacidad de seguir funcionando hoy con la misma claridad que en su origen.
Porque hay objetos que no cambian. No lo necesitan. Simplemente permanecen.
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