Okina de Pott Project. La calma de la forma.
Okina toma su nombre de un bosque húmedo de Álava donde, cada otoño, las setas aparecen entre las hojas caídas formando parte de un paisaje que cambia lentamente con el paso de las estaciones. Ese entorno inspiró a Martín Azúa para diseñar una colección de luminarias donde la cerámica y la luz trasladan al interior la calma y la naturalidad del bosque.
Las proporciones de Okina, en su versión de lámpara de sobremesa, evocan la silueta de un hongo. Un cuerpo compacto sostiene una pantalla que se abre con suavidad, protegiendo la fuente de luz y definiendo una presencia serena y equilibrada.
Una forma sencilla que encuentra en la naturaleza el punto de partida para construir un objeto contemporáneo.
El valor de la mano.
Cada pieza se levanta en el torno y se perfecciona con la ayuda de un molde, dejando que el barro conserve la huella del proceso. Las pequeñas variaciones de espesor y textura forman parte de la identidad de cada lámpara y ponen en valor el trabajo del artesano.
La cerámica expresa así una cualidad difícil de reproducir industrialmente: ninguna pieza es exactamente igual a otra.
Una misma colección, distintas maneras de iluminar.
Disponible en dos tamaños y, más recientemente, una tercera versión portable de menor tamaño, la lámpara de sobremesa oculta la fuente de luz bajo la pantalla y proyecta una iluminación indirecta que crea una atmósfera cálida y recogida.
Las lámparas de suspensión ofrecen dos formas de relacionarse con el espacio. La pantalla simple, disponible en dos tamaños, concentra la luz sobre la superficie, mientras que la versión de doble pantalla incorpora una segunda capa que suaviza la iluminación y distribuye la luz con mayor amplitud alrededor de la pieza. Además está disponible con pie y también como aplique.
Todas las piezas de la colección están disponibles en acabado mate o brillo y en toda la paleta cromática de Pott Project. Con cada esmalte, Okina modifica sutilmente su carácter. El brillo intensifica la profundidad de la cerámica y multiplica los reflejos; el mate acentúa la textura del barro y su expresión más esencial.
La belleza de lo natural.
Como el bosque que le da nombre, esta familia de luminarias encuentra su fuerza en el equilibrio, en el paso del tiempo y en la belleza que surge cuando la materia conserva intacta su relación con el lugar del que procede.
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