Libertad formal. El banco ADP de +Halle.

Sep, 2025 • 2 Min. Lectura —

Hay piezas que se explican solas, y otras, como ADP, que prefieren dejar la respuesta abierta. En el cruce entre asiento, apoyo y punto de encuentro, esta creación no viene definida por reglas de uso, invitando a descubrir nuevos modos de ocupar los espacios públicos. 

ADP (Adults Don’t Play), diseñado por Spacon & X para +Halle, propone un enfoque radicalmente distinto para el mobiliario colectivo. No es asiento ni mesa ni banco, sino todo a la vez: un objeto que desafía las tipologías convencionales y abre el espacio a la improvisación.

Un gesto intuitivo convertido en sistema

Inspirado en la simplicidad de un taburete de batería, ADP traslada esa lógica directa e instintiva a una pieza pensada para el movimiento. Su estructura permite variar altura, orientación y disposición, respondiendo con naturalidad a la dinámica de los entornos contemporáneos. En oficinas, escuelas, bibliotecas o espacios culturales, ADP despierta la interacción con los usuarios: no dicta normas, sino que invita a descubrir nuevas formas de encuentro.

Flexibilidad y experimentación en el espacio público

La verdadera fuerza de ADP reside en su capacidad de fomentar la colaboración espontánea. Al no estar limitado por una única función, el objeto se convierte en herramienta de exploración, favoreciendo configuraciones abiertas que estimulan la creatividad colectiva. Un banco que se transforma en asiento, una mesa improvisada, un punto de apoyo: la versatilidad está en la mirada y en el uso que cada persona decide darle.

La poética de lo lúdico

En ADP, +Halle y Spacon demuestran que el diseño puede ser serio sin dejar de ser divertido y dinámico. Que incluso en los espacios públicos, a menudo limitados por la rigidez de lo práctico, hay espacio para la imaginación. ADP es, en esencia, una invitación a replantear cómo habitamos lo colectivo, un recordatorio de que la funcionalidad también puede nacer de la libertad y el juego.

Gracias

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Especial mención a mi mujer y a mis padres por apoyarme, a Cristina Escarrà y Alfonso Pérez Rosales por compartir generosamente conmigo su experiencia como agentes, a esos clientes que, de una u otra forma, me han dado sabios consejos, a las marcas que han depositado en mi su confianza, y a Gonzalo, mi padrino, quien, con su siempre generosa ayuda, y guiándome en todo este proceso, tiene gran parte de culpa de que yo pueda presumir de ser “empresario”.

Gracias también a Nuria, Rafa y Guillermo, que, para ayudarme en los duros inicios de toda actividad empresarial, me han abierto las puertas de su casa, me dejan compartir con ellos un rato de sus vidas personales cuando paso por sus ciudades de residencia, y me dan alojamiento gratuito.

¡Gracias a todos!