Broadway de Eikund. La elegancia de ocupar el escenario.

Jun, 2026 • 1 Min. Lectura — General

Broadway encuentra su fuerza en la precisión. En la manera en que la madera ha sido trabajada, en el equilibrio de sus proporciones y en una silueta capaz de transmitir carácter.

Diseñada por Torbjørn Afdal en 1958, esta butaca resume buena parte de la sensibilidad que definió el diseño escandinavo de mediados de siglo: atención al detalle, honestidad material y una búsqueda constante de confort a través de la forma.

El valor de una curva bien resuelta.

Afdal desarrolló Broadway con una minuciosidad extraordinaria. Basta observar la transición entre las patas y los reposabrazos para comprender el nivel de precisión que exige una pieza aparentemente sencilla.

Los extremos torneados del respaldo y los apoyabrazos sobresalen suavemente, dibujando una silueta reconocible y llena de personalidad. Un gesto que aporta identidad sin alterar la serenidad del conjunto.

La estructura, realizada en roble y disponible en cinco acabados, conserva todo el protagonismo de la pieza. La suavidad de la madera al tacto, la riqueza de sus vetas y la calidez que transmite convierten cada detalle en parte de la experiencia.

Confort desde la materia.

El asiento tapizado en piel introduce un contrapunto de textura que dialoga con la madera de manera natural.

Quizá por eso Broadway mantiene intacta su vigencia. Aun respirando una estética propia de su tiempo, su atractivo no depende de tendencias pasajeras, sino de una comprensión precisa de la proporción, el oficio y los materiales.

No es casualidad que esta butaca obtuviera la medalla de oro en la feria So Wohnt Europa de Múnich en 1959. Casi 70 años después, sigue transmitiendo la misma sensación de equilibrio silencioso que la convirtió en un referente del diseño noruego.

Entradas relacionadas

Gracias

Esta página web está dedicada a todas esas personas que, de una u otra forma, han colaborado en que este proyecto/sueño/deseo comience su andadura y tome forma.

Especial mención a mi mujer y a mis padres por apoyarme, a Cristina Escarrà y Alfonso Pérez Rosales por compartir generosamente conmigo su experiencia como agentes, a esos clientes que, de una u otra forma, me han dado sabios consejos, a las marcas que han depositado en mi su confianza, y a Gonzalo, mi padrino, quien, con su siempre generosa ayuda, y guiándome en todo este proceso, tiene gran parte de culpa de que yo pueda presumir de ser “empresario”.

Gracias también a Nuria, Rafa y Guillermo, que, para ayudarme en los duros inicios de toda actividad empresarial, me han abierto las puertas de su casa, me dejan compartir con ellos un rato de sus vidas personales cuando paso por sus ciudades de residencia, y me dan alojamiento gratuito.

¡Gracias a todos!